Son casi las 3:00 a.m. y hace pocas horas llego a mi la noticia del trágico fallecimiento de Robin Williams. Es casi imposible para mi poner en palabras el profundo dolor que esto me causa y se que no soy la única persona que se siente así. De hecho, me dispuse a cerrar el internet porque no aguantaba la cantidad de información que me lanzaba sobre la misma noticia, hace que sea real y que el desgarro se sienta más profundo, es una punzada en el pecho cada foto que aparece con distinto headline que resume lo mismo, se fue, ya no está ni estará más.
No es algo procesable para mi, que hace algunos meses opiné que la TV le quedaba chica y por eso vi lógico que cancelaran su nueva serie The Crazy Ones. Y es que así era, más de 20 años que lo conozco y crecí con él, puedo decir que su nombre siempre fue uno de esos impronunciables, porque al igual que Meryl Streep, el era una referencia obligatoria en su área.
Lo que me pasa a mi, se que le ocurre a muchos, porque Robin logró traspasar las barreras que limitan ver a una persona en 2D del otro lado de la pantalla. Sus personajes abrazaban el alma, algo que solo él sabía hacer llegar con su sonrisa característica y transparentes ojos azules, una de las miradas más nobles que he conocido, más autentica esa mirada que nada.

No quise esperar a mañana para escribir esto, porque estaré llorando seguramente hasta que me seque. El dolor es muy grande y cuando salga el Sol se hará real, por los momentos parece tan solo un mal sueño.

Robin Williams me presentó la comedia, en todos sus formatos. Cine, TV y Stand Up. La comedia es uno de los géneros que rige mi carácter, mi formación como persona y mi estructura mental, es lo que me salva todos los días y eso debo agradecerlo a él.

Robin en los 90’s fue el padre de muchos niños, incluyéndome. Fue mi papá en Mrs. Doubtfire, Father’s Day, Jumanji y por supuesto Hook.

Con esta última Williams hizo realidad uno de mis sueños de infancia, ver una película de piratas, mucho antes de que asomara la nariz Jack Sparrow y nada más ni nada menos como Peter Pan.

Cuando me toco escribir mi tesis en Cine, Robin Williams formó parte de ella con la hermosa película What Dreams May Come. Una de las razones que elegí esta película es porque para mi era un paseo verla una y otra vez por él.
El Genio de Aladdin es uno de mis personajes más queridos de la infancia, con él aprendi que soy polifónica y puedo imitar voces. Robin fue mi mentor en ello, de pequeña me encantaba hacer saltos agudos y graves copiando lo que él hacía.

El Birdcage fue mi primer encuentro con la comunidad LGBT, tenía apenas 11 años y gracias a Armand Goldman y la magnifica actuación de Nathan Lane, crecí sin prejuicios, respetando, queriendo y admirando a cada persona por sus propias elecciones de amor.

La historia de Patch Adams es una de las más hermosas que existe y no pudo estar mejor contada de la mano de Robin, inspiración a los payasos de hospital que hoy en día ayudan tantos niños alrededor del mundo.

Jack para mi es la representación verdadera de la naturaleza de Robin, la inocencia y bondad de un niño que siento jamás abandono sus ojos. Esta fue una conexión muy grande que hice con él, ya que su personaje y yo en ese momento teníamos la misma edad. Esa conexión no se rompió nunca, siento que hasta hoy sigo siendo un niño al lado de él.
Me cuesta seguir paseando por nuestra historia juntos, porque cada vez que profundizo más en ello, se hace más real la razón por la que estoy escribiendo esto. Cuando el shock es tan grande y repentino, los recuentos no ayudan, pero tampoco sentarse a ver al vacío. Rendir tributo y expresar lo que se siente es lo más adecuado.
Robin Williams para mi no es un nombre, una marquesina que se apaga o un entertainer que termino su ronda, para mi es un padre, como para muchos que crecieron con él al igual que yo. Tan solo espero que estas palabras tan sentidas, que pude volcar de mi corazón, le sirvan de desahogo a todo aquel que tenga el alma rota como yo.
La risa es inmortal Robin y el legado no está en el cine, se encuentra en cada pedazo de alma que ayudaste a construir en estos 20 años que por lo menos yo viví. En cada hogar con padres divorciados, donde faltaba la magia y solo hacía falta creer, solo una sonrisa o una carcajada o en su momento, una buena reflexión. Eso es lo que realmente perdurará en el tiempo, mi generación que forjaste y apoyaste. Desde que te conozco siempre lo pensé, te voy a extrañar tanto cuando ya no estes. Me enseñaste a reírme en los momentos más oscuros.
Solo me hubiese encantado que no te fueras antes de tiempo y que mis hijos hubieran tenido la oportunidad de conocerte, es lo que más me parte el alma, eres irrepetible, tuve la suerte enorme de vivirte.
Que en paz descances.



